El domingo pasado me dedique a cocinar todo el dia y entre las cosas que hice, cocine una paella. Me reivindique porque el sabado anterior habia invitado a mis amigos venezolanos (Chu y Fernando) a comer paella, pero aunque ellos y mi marido juraron y perjuraron que estaba sabrosa, yo estaba frustradisima porque el color del arroz no me quedo amarillito como el de la paella, sino que me quedo medio anaranjado. Asi que lo volvi a intentarlo este domingo y me salio esta belleza. El color se lo di con una imitacion de azafran que consegui en el supermercado, que pinta de amarillo el arroz, pero tambien le eche azafran de verdad verdad, que de paso es carisimo. Estaba tan orgullosa de mi paella que publique la foto en el facebook y entre otros comentarios, mi amigo Braulio me pidio que le pasara la receta. Como yo me conozco y se que despues de cocinar una cosa, se me olvida como es que fue que lo hice, voy a publicar aqui la receta de mi paella Southaustraliana casi textualmente como se la escrbi a mi amigo Braulio en su wall del facebook, tuve que anadirle algunas cositas que se me olvidaron cuando le escribi a el:lunes, 5 de julio de 2010
Paella Southaustraliana.....
El domingo pasado me dedique a cocinar todo el dia y entre las cosas que hice, cocine una paella. Me reivindique porque el sabado anterior habia invitado a mis amigos venezolanos (Chu y Fernando) a comer paella, pero aunque ellos y mi marido juraron y perjuraron que estaba sabrosa, yo estaba frustradisima porque el color del arroz no me quedo amarillito como el de la paella, sino que me quedo medio anaranjado. Asi que lo volvi a intentarlo este domingo y me salio esta belleza. El color se lo di con una imitacion de azafran que consegui en el supermercado, que pinta de amarillo el arroz, pero tambien le eche azafran de verdad verdad, que de paso es carisimo. Estaba tan orgullosa de mi paella que publique la foto en el facebook y entre otros comentarios, mi amigo Braulio me pidio que le pasara la receta. Como yo me conozco y se que despues de cocinar una cosa, se me olvida como es que fue que lo hice, voy a publicar aqui la receta de mi paella Southaustraliana casi textualmente como se la escrbi a mi amigo Braulio en su wall del facebook, tuve que anadirle algunas cositas que se me olvidaron cuando le escribi a el:viernes, 4 de junio de 2010
La Llegada.... (última parte)
Bueno, iba a contarles de cómo fue que Jeferson fue a cazar comida esa primera noche en Adelaide y aquí voy…
Jeferson hablaba muy pero muy poco inglés, pero lo poco que hablaba de inglés le sobraba en valentía. Yo incrédula de que pudiera conseguir un supermercado o algo que se le pareciera le dije que si lo conseguía, se fuera a la nevera de los productos congelados y que probablemente allí habría algo que se pudiera hacer en el microondas. Yo estaba asustada de que se pudiera perderse en la ciudad y que se fuera a meter quien sabe por qué callejón obscuro, pero viendo su determinación no dije nada. El hecho es que él salió del hotel, yo fui al cuarto donde estaba durmiendo Sebas y que a ver como estaba y perdí el conocimiento, me quedé rendida en la cama con él, me despertó Jeferson cuando regresó echándome el cuento de lo que hizo. Me dijo que se había ido caminando buscando las luces de los carros, hasta que llegó a una avenida principal (ahora sabemos que es la King Williams que atraviesa toda la ciudad) y como pudo con señas y algunas palabras aisladas le preguntó a un chinito que estaba parado en una esquina dónde podía comprar comida y el chino le señaló la dirección de un supermercado que afortunadamente está abierto hasta las 12am. Cuando fue a pagar con la tarjeta de crédito, que era lo único que cargaba encima, la cajera no se la quería aceptar porque no estaba firmada por detrás, era una tarjeta nueva que le acababan de entregar antes de venirnos. Por suerte, el cargaba la tarjeta vieja en la cartera, que sí estaba firmada (cosa que uno normalmente no hace en Venezuela, porque siempre comparan la firma con la cédula de identidad y no le paran a la firma de la tarjeta de crédito) y me imagino que la muchacha vio a Jeferson tan perdido o a lo mejor fue tan confiada, que aceptó que él firmara la tarjeta de crédito en frente de ella y así fue como Jeferson pudo pagar. Lo próximo que yo recuerdo es a Jeferson despertándome para que comiera un "delicioso" pollo Thai picantísimo que había comprado en el supermercado….verga, que vaina tan mala y tan picante, el pobre no tenía idea de lo que estaba comprando…jejeje! Nosotros que no queríamos gastar plata tuvimos que botar en la basura nuestra primera cena en Australia….jejeje!!!. Menos mal que Jeferson había comprado leche, cereal, pan, jamón, queso y mantequilla y con eso resolvimos por esa noche y para el desayuno.
Al día siguiente, todavía aturdidos y con el horario volteado, con cara de desesperación sin saber por dónde empezar porque Jeferson se negaba rotundamente a pagarle a la amiga del voluntario, decidimos llamar a un muchacho venezolano que habíamos contactado por internet desde Venezuela, quien casualmente vivía a unas cuadras de nuestro hotel, quien nos rescató y nos orientó en la ciudad, nos llevó a comprar un celular, a abrir la cuenta del banco y aparte de otras cosas, nos puso en contacto con la persona a quien le alquilaríamos la casa donde hemos vivido desde entonces. A ambos le estaremos eternamente agradecidos por tendernos la mano, pero eso es parte de otra historia….
Al final nunca le pagamos a la amiga del voluntario los $100.00 diarios, pero tampoco le echamos paja con la gente de immigration SA cuando tuvimos oportunidad (nos mandaron una encuesta donde pudimos haber echado todo el cuento), yo considero que esa fue nuestra primera venezolanada. Digo esto porque en Venezuela todo el mundo se queda callado la boca, nadie se queja y nadie dice nada para no meterse en problemas porque siempre le tenemos miedo a las consecuencias. Aquí con el tiempo hemos aprendido que los australianos sí echan paja, es algo cultural. Lo hacen en los trabajos, con los servicios públicos, en los colegios, en los hospitales, en las tiendas, en fin, en todas partes y ustedes saben qué es lo más sorprendente? que además se lo agradecen porque como ellos dicen, es una oportunidad para mejorar. Al principio eso no nos cabía en la cabeza, pero ya lo estamos comenzando a asimilar, bueno a estas alturas es algo que ya está impreso en el ADN de Sebastián.
Lección para el futuro: hay que aprender a echar paja como lo hacen aquí….
viernes, 28 de mayo de 2010
La Llegada...(segunda parte)
He estado tan embebida en la historia de los descendientes de Teodora y Ricardo que mi tío Felipe ha estado contando, que se me había olvidado seguir echando este cuento, pero aquí vamos.
Los cuatro carritos cargados de maletas pesaban muchísimo, así que había que irlos empujando de uno en uno y devolverse a buscar otro para empujarlo hasta donde habíamos dejado los demás. Sebas estaba llorando ladilladísimo y la gente pasaba y nos veía raro. Hoy en día pienso que no era necesario traerse tantos peroles, pero en aquel momento, yo lo único que pensaba era que los 39 años de mi vida hasta entonces estaban reducidos a esas doce maletas y una cuenta en un banco. Cuando finalmente llegamos al mostrador de Qantas y entregamos las maletas, el que nos atendió quería cobrarnos exceso de equipaje. Ahí como pude con mi inglés chucuto le expliqué que nosotros teníamos unos pasajes especiales que nos permitían viajar con un equipaje de 4 maletas cada uno y que estaba escrito en el pasaje. Yo no sé si me entendió o si me creyó, o si le dio ladilla y no quería tener que hacer más averiguaciones, el hecho es que nos aceptó las maletas y nosotros nos quitamos literalmente ese peso de encima al menos por unas horas más. Cuando íbamos a pasar por el chequeo para ir al aeropuerto internacional, la tipa de seguridad me gritó porque yo no entendía que tenía que sacar el laptop del estuche y ponerlo en una bandejita y pasar el estuche solo en la máquina y había una cola inmensa y yo estaba retrasando la cola….bueno, cosas del inglés jejeje!.
Un autobús nos llevó hasta el aeropuerto nacional y apenas nos bajamos, lo primero que hicimos fue buscar un cajero automático para retirar del cupo de efectivo de las tarjetas de crédito, además lo único que traíamos en efectivo eran unos pocos dólares americanos. Teníamos hambre, pero el cuerpo no nos pedía comida (quien sabe qué hora sería en Venezuela en ese momento), quizás porque todo nos parecía re caro y no podíamos evitar hacer mentalmente la cuenta en bolívares. Creo que si nos hubiésemos atrevido a comprar algo el remordimiento de conciencia nos habría hecho que la comida nos cayera mal….jejeje!. Además, estábamos contando con que cuando llegáramos a Adelaide nuestro voluntario nos llevaría a un supermercado a comprar algunas cosas básicas, como ofrecía el servicio de bienvenida para el que nos habíamos registrado con el Gobierno de South Australia. Ese servicio de bienvenida funciona más o menos así; lo contratas por internet una vez que te aprueban la visa, incluye alojamiento en casas del gobierno (sujeto a disponibilidad) por 12 semanas, pagando una renta razonable semanal y un servicio gratuito de traslado, donde un voluntario te recoje en el aeropuerto, te lleva a tu hotel o alojamiento, te lleva al supermercado, te muestra la ciudad, te lleve a hacer las cosas básicas como abrir la cuenta del banco, registrarte en el tax (impuesto), comprar un celular, ensenarte cómo usar el transporte público, en fin, ayudarte a ubicarte. El voluntario te acompaña a hacer todo eso por un par de días. A nosotros no nos aprobaron el del alojamiento porque no había disponibilidad, así que desde Venezuela habíamos reservado un hotel en el centro de la ciudad, pero sí nos aprobaron el del voluntario.
Sebastián se portó malísimo en el vuelo de Sydney para Adelaide, pobrecito ya estaba cansado. Y nosotros bueno, además de cansadísimos, ya estábamos muertos de hambre, por pichirres, ya eran casi las 5pm y lo único que habíamos comido era desayuno como tres veces en las últimas no sé ni cuantas horas. El voluntario estaba efectivamente esperándonos a la salida del avión. Era un latinoamericano, no voy a decir la nacionalidad para no rayar a la gente de ese país. Pero qué experiencia tan horrible tuvimos con ese tipo. Primero, andaba como apurado. Montamos las maletas en su camioneta y contratamos un taxi (pagado por el gobierno) para llevar el resto de las maletas. Me entregó una bolsa full de panfletos, donde también había un libro de mapas de la ciudad y me dijo: "busque ahí en el mapa 118 esta todo lo que necesita". Yo veía el mapa ya con los ojos nublados de cansancio y no entendía pero nada. El tipo andaba medio arrecho diciéndome que debíamos haber llegado a las 12pm y no a las 5pm. Nos dejó tirados en el hotel y tuvo las santas bolas de decirnos que él conocía a una señora que también hablaba español, que nos podía llevar a hacer las diligencias que necesitábamos hacer (las cuales déjenme decirles que le correspondía hacerlas a él con nosotros como voluntario del gobierno y además gratis) y que nos cobraba $100.00 diarios por acompañarnos, qué tal? Bueno, yo en ese momento no podía procesar esa información, le dije que lo llamaba al día siguiente y hablábamos. Menos mal que todavía teníamos leche y cereal para hacerle tetero a Sebastián, que de verdad verdad estaba muerto de hambre. Ya estaba obscuro y la ciudad estaba vacía, no pasaba ni un alma por la calle caminando, y uno que otro carro. Yo no entendía cómo es que habiendo elegido un hotel que quedaba en el pleno centro de la ciudad, cómo podía todo estar tan tranquilo a las 6pm. Nos asomábamos por el balcón y veíamos para arriba y para abajo y no veíamos nada y aquella hambre, sin saber dónde ir a comprar comida. Menos mal que Sebas ya se había quedado dormido no sé si satisfecho con su tete o muerto de cansancio.
Jeferson me dijo, yo voy a salir a ver si consigo un supermercado, debe haber algo por ahí. Y yo me preguntaba, pero dónde? El voluntario ni siquiera nos indicó dónde podíamos ir a comprar comida, cuando su trabajo era precisamente llevarnos a un supermercado al llegar a Adelaide. Me da mucha rabia cada vez que me acuerdo de eso, no es tanto que nos haya dicho que nos iba a cobrar cien dólares diarios por llevarnos a hacer diligencias, es que nos haya dejado ahí tirados en el hotel con un niño de tres años a sabiendas de que veníamos de un viaje tan largo y además con retraso. El tenía que saber, por supuesto, que a esa hora en la ciudad no había nada abierto, que todo aquí cierra a las 5pm, y más un miércoles.
Bueno después les sigo contando de cómo Jeferson fue a cazar comida para nosotros….jejeje!.
Lección para el futuro: aprovecha de comer cuando tengas oportunidad, porque no sabes cuándo vas a comer otra vez….
jueves, 13 de mayo de 2010
La llegada.....
En el grupo de Facebook "Los Descendiente de Teodora y Ricardo" creé un post en el discussion board para todos aquellos miembros del grupo que quisieran contar anécdotas familiares. Mi tío Felipe, quien desde hace tiempo empezó a contar algunas, estrenó el post con la historia de mi abuela y el resto de mi familia cuando llegaron a Caracas desde Ocumare. Ese cuento tantas veces contado por mi abuela y ahora recontado por mi tío me inspiro para escribir mi propia anécdota de el día en que llegamos a Adelaide. Seguramente la infiel memoria "como la llama un amigo mío" me va a jugar una trastada con los detalles y ni hablar de cómo se van a ir palideciendo los recuerdos con el tiempo hasta que estén perfectamente borrados, bien sea por la demencia o por los años. Así que antes de que sea demasiado tarde, prefiero echar el cuento, no vaya a ser que mi hijo, quien seguramente ya no recuerda nada, no vaya a tener ni idea de cómo fue que vino a parar tan lejos.
La despedida la cuento luego porque eso merece un capítulo completo y unos cuantos lagrimones también. El hecho es que el lunes 25 de septiembre de 2006 llegamos al aeropuerto de Maiquetía a las 4:00am, paranoicos de llegar temprano, porque aparte de que era la época en que el viaducto de la autopista Caracas-La Guaira se había caído y habían construido una carreterita de dos vías para que pasaran los carros, no sabíamos si íbamos a conseguirnos con una protesta que cerrara la autopista y perdiéramos el avión que salía supuestamente a las 10:00am. Cuando abrieron el mostrador de la línea aérea nos informaron que el avión no saldría sino hasta la 1:30 pm. Cuando ya estábamos en la sala de espera a punto de abordar el avión a Jeferson lo llamó la Guardia Nacional para revisar las maletas. Yo estaba angustiada, toreando a Sebastián queriendo entrar al avión y cargando con tres maletas de mano, parada en la cola para abordar, sin querer entrar al avión porque no iba a correr el riesgo de que el avión arrancara dejando a Jeferson atrás…..ni de vaina!. Bueno, el hecho es que a Jeferson lo interrogaron y le chequearon dos de las 11 maletas que llevábamos como equipaje, por supuesto él también estaba nervioso pensando que podíamos perder el avión y todas las conexiones. Y bueno, para ser honestos sin entrar en detalles, uno nunca sabe que puede pasar en estas situaciones, e imagínense lo que quieran. Finalmente nos montamos de últimos en el avión y cuando el avión arrancó pudimos respirar. Con la angustia yo no sé si lloré o no cuando el avión estaba arrancando, me imagino que sí porque yo soy muy llorona, Jeferson nunca llora. Llegamos a Chile 8 horas después y nos dijeron que el avión que teníamos que tomar en Nueva Zelanda tenía varias horas de retraso, así que perderíamos la conexión Sydney-Adelaide, y que en lugar de llegar a Adelaide a las 12:30pm, llegaríamos como a las 4:00pm. Y que nos teníamos que apurar porque el avión que salía para Nueva Zelanda ya estaba a punto de abordar también. Bueno, el hecho es que se suponía que a las 12:30pm nos estaría esperando un voluntario en el aeropuerto de Adelaide que nos llevaría a nuestro hotel, así que había que llamar a Australia y hablar "en inglés" por teléfono para informar que llegaríamos tarde para que le avisaran al voluntario. Compramos una tarjeta telefónica en Chile y tragando grueso, pidiéndole a Dios que me pudieran entender y que yo también entendiera lo que me dijeran (después les cuento el trauma del inglés y el teléfono), me armé de valor y llamé para cambiar la hora...eso me salió bien.
Trece horas y media después estábamos aterrizando en Nueva Zelanda, esa ha sido hasta ahora, literalmente la noche más larga de mi vida. Salimos de Chile a las 11:30pm si mal no recuerdo, volamos durante todo el tiempo de noche, es decir nunca amaneció cuando estábamos volando, a pesar de que habían pasado 13 1/2 horas y llegamos a Nueva Zelanda y apenas eran las 3:00am. Yo no sé si yo tenía hambre o sueño, el hecho es que para mi cuerpo eran como las 12 del mediodía y lo que había comido era un pancito de desayuno, había un Burguer King en el aeropuerto, pero tampoco me provocaba comerme una hamburguesa, así que volvimos a desayunar. Sebastián estaba super agitado, no quería comer, ni jugar con los juguetes que traia en su maleta de mano. Gracias a Dios el chamo había dormido durante los dos vuelos de Caracas a Chile y de Chile a Nueva Zelanda, me imagino que porque le habíamos empujado pasiflora con Ilvico, pero ya ni eso le hacía efecto. Cambiamos unas monedas y pudimos mandarle a mi hermana un e-mail diciéndole que ya estábamos en Nueva Zelanda. Para este momento yo ya había perdido la noción del tiempo. Ya no recuerdo cuanto tiempo tardó el vuelo de Nueva Zelanda hasta Sydney, lo bueno esta vez fue que el señor que venía sentado al lado de Jef se quedó en Nueva Zelanda así que tuvimos 4 puestos disponibles para los tres y eso nos permitió estar un pelo más cómodos. Sebas se volvió a quedar dormido viendo comiquitas en la pantalla del avión y nos volvieron a dar desayuno, jejeje!.
Cuando llegamos a Sydney, pasamos sin problemas por inmigración y nos fuimos a buscar las 12 maletas y la bicicleta de Jeferson. Las maletas llegaron perfectas, pero la bicicleta no aparecía. Así que para variar, estábamos angustiados. Eso era un gentío horrible, menos mal que mi mamá casi que me obligó a comprar un arnés con una correa para llevar a Sebastián como un perrito, sino, todavía lo estaríamos buscando. El chamo quería salir corriendo con ese gentío a buscar a su papá que andaba buscando la bendita bicicleta por todo el aeropuerto mientras yo cuidaba a Sebastián, las 11 maletas de equipaje y las tres maletas de mano…y todavía teníamos que hacer aduana y hacer una conexión más….jejeje. La bendita bicicleta apareció por donde estaba el equipaje frágil. Tuvimos que usar cuatro carritos para montar las maletas. Pasamos bien por aduana, nos preguntaron las cosas que traíamos, le mostramos la leche y los remedios de Sebastián, medio revisaron la caja de la bicicleta y uno de las personas que nos estaba atendiendo nos ayudó con uno de los carritos y nos indicó el camino que teníamos que agarrar para el aeropuerto nacional.
Después sigo echando el cuento, que ahora es que se pone buena la cosa…..