He estado tan embebida en la historia de los descendientes de Teodora y Ricardo que mi tío Felipe ha estado contando, que se me había olvidado seguir echando este cuento, pero aquí vamos.
Los cuatro carritos cargados de maletas pesaban muchísimo, así que había que irlos empujando de uno en uno y devolverse a buscar otro para empujarlo hasta donde habíamos dejado los demás. Sebas estaba llorando ladilladísimo y la gente pasaba y nos veía raro. Hoy en día pienso que no era necesario traerse tantos peroles, pero en aquel momento, yo lo único que pensaba era que los 39 años de mi vida hasta entonces estaban reducidos a esas doce maletas y una cuenta en un banco. Cuando finalmente llegamos al mostrador de Qantas y entregamos las maletas, el que nos atendió quería cobrarnos exceso de equipaje. Ahí como pude con mi inglés chucuto le expliqué que nosotros teníamos unos pasajes especiales que nos permitían viajar con un equipaje de 4 maletas cada uno y que estaba escrito en el pasaje. Yo no sé si me entendió o si me creyó, o si le dio ladilla y no quería tener que hacer más averiguaciones, el hecho es que nos aceptó las maletas y nosotros nos quitamos literalmente ese peso de encima al menos por unas horas más. Cuando íbamos a pasar por el chequeo para ir al aeropuerto internacional, la tipa de seguridad me gritó porque yo no entendía que tenía que sacar el laptop del estuche y ponerlo en una bandejita y pasar el estuche solo en la máquina y había una cola inmensa y yo estaba retrasando la cola….bueno, cosas del inglés jejeje!.
Un autobús nos llevó hasta el aeropuerto nacional y apenas nos bajamos, lo primero que hicimos fue buscar un cajero automático para retirar del cupo de efectivo de las tarjetas de crédito, además lo único que traíamos en efectivo eran unos pocos dólares americanos. Teníamos hambre, pero el cuerpo no nos pedía comida (quien sabe qué hora sería en Venezuela en ese momento), quizás porque todo nos parecía re caro y no podíamos evitar hacer mentalmente la cuenta en bolívares. Creo que si nos hubiésemos atrevido a comprar algo el remordimiento de conciencia nos habría hecho que la comida nos cayera mal….jejeje!. Además, estábamos contando con que cuando llegáramos a Adelaide nuestro voluntario nos llevaría a un supermercado a comprar algunas cosas básicas, como ofrecía el servicio de bienvenida para el que nos habíamos registrado con el Gobierno de South Australia. Ese servicio de bienvenida funciona más o menos así; lo contratas por internet una vez que te aprueban la visa, incluye alojamiento en casas del gobierno (sujeto a disponibilidad) por 12 semanas, pagando una renta razonable semanal y un servicio gratuito de traslado, donde un voluntario te recoje en el aeropuerto, te lleva a tu hotel o alojamiento, te lleva al supermercado, te muestra la ciudad, te lleve a hacer las cosas básicas como abrir la cuenta del banco, registrarte en el tax (impuesto), comprar un celular, ensenarte cómo usar el transporte público, en fin, ayudarte a ubicarte. El voluntario te acompaña a hacer todo eso por un par de días. A nosotros no nos aprobaron el del alojamiento porque no había disponibilidad, así que desde Venezuela habíamos reservado un hotel en el centro de la ciudad, pero sí nos aprobaron el del voluntario.
Sebastián se portó malísimo en el vuelo de Sydney para Adelaide, pobrecito ya estaba cansado. Y nosotros bueno, además de cansadísimos, ya estábamos muertos de hambre, por pichirres, ya eran casi las 5pm y lo único que habíamos comido era desayuno como tres veces en las últimas no sé ni cuantas horas. El voluntario estaba efectivamente esperándonos a la salida del avión. Era un latinoamericano, no voy a decir la nacionalidad para no rayar a la gente de ese país. Pero qué experiencia tan horrible tuvimos con ese tipo. Primero, andaba como apurado. Montamos las maletas en su camioneta y contratamos un taxi (pagado por el gobierno) para llevar el resto de las maletas. Me entregó una bolsa full de panfletos, donde también había un libro de mapas de la ciudad y me dijo: "busque ahí en el mapa 118 esta todo lo que necesita". Yo veía el mapa ya con los ojos nublados de cansancio y no entendía pero nada. El tipo andaba medio arrecho diciéndome que debíamos haber llegado a las 12pm y no a las 5pm. Nos dejó tirados en el hotel y tuvo las santas bolas de decirnos que él conocía a una señora que también hablaba español, que nos podía llevar a hacer las diligencias que necesitábamos hacer (las cuales déjenme decirles que le correspondía hacerlas a él con nosotros como voluntario del gobierno y además gratis) y que nos cobraba $100.00 diarios por acompañarnos, qué tal? Bueno, yo en ese momento no podía procesar esa información, le dije que lo llamaba al día siguiente y hablábamos. Menos mal que todavía teníamos leche y cereal para hacerle tetero a Sebastián, que de verdad verdad estaba muerto de hambre. Ya estaba obscuro y la ciudad estaba vacía, no pasaba ni un alma por la calle caminando, y uno que otro carro. Yo no entendía cómo es que habiendo elegido un hotel que quedaba en el pleno centro de la ciudad, cómo podía todo estar tan tranquilo a las 6pm. Nos asomábamos por el balcón y veíamos para arriba y para abajo y no veíamos nada y aquella hambre, sin saber dónde ir a comprar comida. Menos mal que Sebas ya se había quedado dormido no sé si satisfecho con su tete o muerto de cansancio.
Jeferson me dijo, yo voy a salir a ver si consigo un supermercado, debe haber algo por ahí. Y yo me preguntaba, pero dónde? El voluntario ni siquiera nos indicó dónde podíamos ir a comprar comida, cuando su trabajo era precisamente llevarnos a un supermercado al llegar a Adelaide. Me da mucha rabia cada vez que me acuerdo de eso, no es tanto que nos haya dicho que nos iba a cobrar cien dólares diarios por llevarnos a hacer diligencias, es que nos haya dejado ahí tirados en el hotel con un niño de tres años a sabiendas de que veníamos de un viaje tan largo y además con retraso. El tenía que saber, por supuesto, que a esa hora en la ciudad no había nada abierto, que todo aquí cierra a las 5pm, y más un miércoles.
Bueno después les sigo contando de cómo Jeferson fue a cazar comida para nosotros….jejeje!.
Lección para el futuro: aprovecha de comer cuando tengas oportunidad, porque no sabes cuándo vas a comer otra vez….
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