viernes, 4 de junio de 2010

La Llegada.... (última parte)

Bueno, iba a contarles de cómo fue que Jeferson fue a cazar comida esa primera noche en Adelaide y aquí voy…

Jeferson hablaba muy pero muy poco inglés, pero lo poco que hablaba de inglés le sobraba en valentía. Yo incrédula de que pudiera conseguir un supermercado o algo que se le pareciera le dije que si lo conseguía, se fuera a la nevera de los productos congelados y que probablemente allí habría algo que se pudiera hacer en el microondas. Yo estaba asustada de que se pudiera perderse en la ciudad y que se fuera a meter quien sabe por qué callejón obscuro, pero viendo su determinación no dije nada. El hecho es que él salió del hotel, yo fui al cuarto donde estaba durmiendo Sebas y que a ver como estaba y perdí el conocimiento, me quedé rendida en la cama con él, me despertó Jeferson cuando regresó echándome el cuento de lo que hizo. Me dijo que se había ido caminando buscando las luces de los carros, hasta que llegó a una avenida principal (ahora sabemos que es la King Williams que atraviesa toda la ciudad) y como pudo con señas y algunas palabras aisladas le preguntó a un chinito que estaba parado en una esquina dónde podía comprar comida y el chino le señaló la dirección de un supermercado que afortunadamente está abierto hasta las 12am. Cuando fue a pagar con la tarjeta de crédito, que era lo único que cargaba encima, la cajera no se la quería aceptar porque no estaba firmada por detrás, era una tarjeta nueva que le acababan de entregar antes de venirnos. Por suerte, el cargaba la tarjeta vieja en la cartera, que sí estaba firmada (cosa que uno normalmente no hace en Venezuela, porque siempre comparan la firma con la cédula de identidad y no le paran a la firma de la tarjeta de crédito) y me imagino que la muchacha vio a Jeferson tan perdido o a lo mejor fue tan confiada, que aceptó que él firmara la tarjeta de crédito en frente de ella y así fue como Jeferson pudo pagar. Lo próximo que yo recuerdo es a Jeferson despertándome para que comiera un "delicioso" pollo Thai picantísimo que había comprado en el supermercado….verga, que vaina tan mala y tan picante, el pobre no tenía idea de lo que estaba comprando…jejeje! Nosotros que no queríamos gastar plata tuvimos que botar en la basura nuestra primera cena en Australia….jejeje!!!. Menos mal que Jeferson había comprado leche, cereal, pan, jamón, queso y mantequilla y con eso resolvimos por esa noche y para el desayuno.

Al día siguiente, todavía aturdidos y con el horario volteado, con cara de desesperación sin saber por dónde empezar porque Jeferson se negaba rotundamente a pagarle a la amiga del voluntario, decidimos llamar a un muchacho venezolano que habíamos contactado por internet desde Venezuela, quien casualmente vivía a unas cuadras de nuestro hotel, quien nos rescató y nos orientó en la ciudad, nos llevó a comprar un celular, a abrir la cuenta del banco y aparte de otras cosas, nos puso en contacto con la persona a quien le alquilaríamos la casa donde hemos vivido desde entonces. A ambos le estaremos eternamente agradecidos por tendernos la mano, pero eso es parte de otra historia….

Al final nunca le pagamos a la amiga del voluntario los $100.00 diarios, pero tampoco le echamos paja con la gente de immigration SA cuando tuvimos oportunidad (nos mandaron una encuesta donde pudimos haber echado todo el cuento), yo considero que esa fue nuestra primera venezolanada. Digo esto porque en Venezuela todo el mundo se queda callado la boca, nadie se queja y nadie dice nada para no meterse en problemas porque siempre le tenemos miedo a las consecuencias. Aquí con el tiempo hemos aprendido que los australianos sí echan paja, es algo cultural. Lo hacen en los trabajos, con los servicios públicos, en los colegios, en los hospitales, en las tiendas, en fin, en todas partes y ustedes saben qué es lo más sorprendente? que además se lo agradecen porque como ellos dicen, es una oportunidad para mejorar. Al principio eso no nos cabía en la cabeza, pero ya lo estamos comenzando a asimilar, bueno a estas alturas es algo que ya está impreso en el ADN de Sebastián.

Lección para el futuro: hay que aprender a echar paja como lo hacen aquí….

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